"¿Cómo sabrás si las aves que recorren los caminos del cielo son un inmenso mundo de deleite, cercado como estás por tus cinco sentidos?"
William Blake. El matrimonio del Cielo y el Infierno (1790). Trad. Jordi Doce

jueves, 20 de enero de 2011

El cielo en una flor salvaje



Fotografías por María Sánchez Ozamiz

"Dionaea"
Óleo sobre tabla (100X70)
"Dionaea" Montejo Abad


"El néctar del colibrí"
Óleo sobre tabla (100X70)
"El néctar del colibrí" Montejo Abad


"Astronomía"
Óleo sobre tabla (100X70)














Todo empezó con un poema de William Blake (Catálogo descriptivo de cuadros (1809) Augurios de la Inocencia (1803))



To see the world in a grain of sand,
And Heaven in a wild flower,
Hold infinity in the palm of your hand
And eternity in an hour.


Para ver el mundo en un grano de arena,
Y el Cielo en una flor salvaje,
Abarca el infinito en la palma de tu mano
Y la eternidad en una hora.



Me quedé completamente fascinado.

El Cielo. Estrellas enlazadas por la gravedad para formar galaxias entrelazadas a su vez para formar cúmulos que aparecen agrupados en supercúmulos… una colosal arquitectura cósmica construida a base de gravedad. Así que si algo puede representar el Cielo esa es precisamente la gravitación, la gravedad.

Si el pintor trabaja de veras con algo, es con la luz. Así que tenía que expresar gravedad con luz. La gravitación, cuando es suficientemente intensa, es capaz de desviar a la misma luz haciendo que su camino a través del espacio deje de ser recto y se haga curvo. Cuanta más intensa es la gravedad más se desvía la luz. Es algo que los astrónomos han podido observar en el Universo y que denominan efecto de lente gravitatoria. Alrededor de los cúmulos de galaxias se forman halos circulares de imágenes fantasmas cuyo origen no es otro que la luz de objetos lejanos que ha sido desviada por la gravedad. Esta es la huella de la gravedad sobre la luz.

Así que coloqué un campo gravitatorio delante de una serie de flores buscando encontrar algo de esa desconcertante comunidad entre el Cielo y la flor. Y en esa intersección entre lo pequeño y lo cósmico apareció algo nuevo. No únicamente la distorsión por efecto de lente gravitatoria sino también una suerte de abismo, de caída en la oscuridad que no se somete completamente a una ley … ¿el hombre?
Mis indagaciones continúan. Queda mucho trabajo por delante. Y después, aún debo dar cuenta de tres versos más.

Fernando R. Durán