"¿Cómo sabrás si las aves que recorren los caminos del cielo son un inmenso mundo de deleite, cercado como estás por tus cinco sentidos?"
William Blake. El matrimonio del Cielo y el Infierno (1790). Trad. Jordi Doce

domingo, 16 de agosto de 2015

VERSIÓN CELESTE

Todos vivimos con los pies en la tierra y bien sujetos a ella. Las rutinas cotidianas en unos casos, la lucha por la subsistencia en otros, nos otorgan tal peso que incluso nuestra imaginación queda totalmente atrapada, mitigada, reducida a un punto. Atados a todos los niveles por la gravedad, esa cosa que lo quiere reducir todo a un punto. Y se trata precisamente de lo contrario. No para sumirse en un mundo de fantasías desatinadas sino para abrir la Puerta a una realidad infinitamente mayor que la cotidiana y a la que estamos necesariamente abocados a prestar atención para seguir siendo fieles a nuestra propia naturaleza humana.

El camino del conocimiento científico ha agotado nuestros ojos, ha encontrado colores imposibles. Citando a William Blake, hoy más que nunca se trata de no ver con el ojo, sino a través del ojo. Los esquemas, los conceptos, las interpretaciones, la matemática, la imaginación... son el único modo que tenemos de dotar de cierta sensorialidad a una realidad inabarcablemente mayor que nosotros. Es por esto que, en cierto sentido, necesitamos aprender a ver de nuevo.


Systema Saturnium. Christiaan Huygens. 1659


Aqui es donde se engrana la versión Celeste. Un hombre que en vez de encaminarse hacia el raquitismo reduccionista, hacia la cárcel de los ojos, comienza a buscarse en todas las direcciones simultáneamente en busca de la resonancia con el todo. Un hombre que se busca en el macrocosmos del Cielo y en el microcosmos del Inframundo. Y en esa búsqueda adquiere necesariamente un fuerte sentimiento de vacío ante la creciente inmensidad que lo permea y lo enrarece hasta diluirlo casi por completo, casi desintegrándolo en un débil eco de señales portadoras de imágenes y palabras que se pierden en los espacios infinitos y en los infinitesimales, y ante lo cual sólo puede sobrevivir y sobreponerse estableciéndose en el asombro y la maravilla del profundo Misterio Universal.

Fernando R. Durán


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